viernes, 11 de diciembre de 2015

Las cosas pequeñitas

Añoro las calles con olor a lluvia, esas tardes de invierno en las que una manta y buen libro a la luz de una chimenea era todo lo que se necesitaba para pasar un buen rato. echo de menos que llegases a casa helado de frío con la carita roja de rozarte con la brisa helada de diciembre, pero mas extraño aun que me pidieses un abrazo para entrar en calor o que te acurrucases junto a mi en el sofá y pasasen los minutos y las horas sin decir nada, nuestro silencio era nuestra prueba de amor mas grande, pues ninguno necesitábamos soltar palabra alguna para decirnos todo lo que necesitábamos oír. Aun recuerdo cuando la taza de café caliente se quedaba helada entre beso y beso... no se si es que estos eran eternos o que la brisa que entraba por el filo de la ventana ganaba la lucha contra el cálido café...
¿Y las primaveras? ¿las recuerdas? Llegar a casa, soltar la mochila y salir a la calle, respirar profundamente y sentir como un complot de olores suaves penetraban intensamente por los orificios nasales... uhmmm... ¡que sensación mas agradable! Pasear por la orilla de la playa, sentarnos en un banco y contarte todos esos mini problemas que a esas edad parecían derivadas de funciones potenciales... o mejor aun tirarse en el césped encender un cigarrillo y hacer burbujitas de humo mientras se consumía la tarde... Y es que cuando se ama nada es demasiado. 
                                                                                                                   M.S.                                                                

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